Derechos Humanos, Desarrollo, ODS, Opinión

Desarrollo económico, social y no discriminación, fuerzas sinérgicas

En 2012 los medios reportaban un hecho histórico en Chile: un Motel en el centro de Santiago era multado por haber discriminado arbitrariamente a una pareja de mujeres. La noticia no es el acto discriminatorio, pues la discriminación es un fenómeno habitual en nuestro país, sino el hecho de que un juzgado falló en contra de los dueños de un negocio por haber incurrido en discriminación arbitraria. En este caso el fallo resultó en una multa de 50 UTM a beneficio fiscal, pero a lo que quisiera referirme en este artículo no es la suma de cerca de 2 millones de pesos chilenos que tuvo que pagar el dueño del local, sino una transacción mucho anterior: el valor de la habitación que, en principio, no fue pagado.

El acto discriminatorio, humillante y vejatorio para la pareja de mujeres que lo sufrieron, no sólo provocó un daño a las potenciales clientas, sino también, en ese mismo instante, al dueño del establecimiento. El daño no vino cuando se cursó la multa, meses después, sino en el momento exacto en el que el motel dejó de percibir ingresos por el consumo de la pareja que rechazó. Del mismo modo, la discriminación tiene un costo agregado en toda la economía, que, mientras difícil de calcular, es muy significativo. Estudios del Banco Mundial han contabilizado notables impactos de la discriminación sobre la economía de distintos países: al año 2000, desde Guatemala hasta Bolivia, la falta de escolaridad en estudiantes de origen indígena representaba, y representa aún hoy en día, serios impedimentos al desarrollo de capital humano. En India en 2014, cada derecho asignado a la diversidad sexual tiene el impacto de aumentar el PIB del país en 1%.

La discriminación hace que los negocios dejen de percibir ingresos, que las personas disfruten de menos acceso a servicios. Tiene ramificaciones sobre la salud mental, que a su vez afecta a la productividad. Son sabidos los efectos del bullying sobre la deserción escolar y el rendimiento académico, y según datos de Todo Mejora, cerca del 60% de los estudiantes LGBT han sido víctimas de bullying por causa de su orientación sexual o identidad de género. Datos de la OMS indican que la apariencia física y la religión también son objeto de burlas. Estos problemas en la escuela tienen repercusiones de largo plazo sobre la sociedad y sobre las personas. Estudios de la Universidad Católica han apuntado a que la discriminación contra las mujeres en ciencia y matemáticas comienza en la escuela primaria, redundando en menos talento disponible para fortalecer el desarrollo de esas áreas en la sociedad.

Mientras que la protección de la dignidad humana es la principal y única razón que debería empuñarse para combatir la discriminación, lo cierto es que producto de los actos discriminatorios hay una pérdida material para el país que debe ser considerado, especialmente en aquellos grupos que, al mismo tiempo, han defendido la importancia del crecimiento económico por sobre las políticas que defienden a las minorías y las mujeres. Quizás sea el momento de integrar ambas visiones y verlas como parte de un mismo proceso. La modernización económica sin desarrollo social genera tensiones que tienen un impacto fortísimo en la economía, la política y la sociedad. Chile aún está en pie de considerar al desarrollo y la no discriminación como fuerzas sinérgicas.

Esta pieza de opinión se enmarca dentro de las iniciativas de CERES para combatir la discriminación a través de un marco legal que proteja la dignidad de las personas y su compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Si te interesa conocer más sobre nuestra organización, cómo colaborar con la iniciativa contra la discriminación o cómo profundizar tu conocimiento en ODS, escríbenos a contacto@ongceres.cl

  

 

 

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