Género, Mujeres, Violencia de género

Gracias por esta Revolución

Las manifestaciones de cientos de jóvenes mujeres que hemos visto estos días siguen una lucha histórica, a veces silenciada, a veces como hoy con una voz fuerte y combativa. Una lucha que valientemente dan por todas nosotras, como antes lo hicieron las mujeres que lograron nuestro derecho a voto, a salir del espacio doméstico al público, a decidir sobre nuestras vidas y nuestra sexualidad.

La imagen que queda: tetas al aire. No es como algunos han dicho, un gesto arbitrario, un “último recurso” para ser escuchadas. Es una acción política, una reivindicación y apropiación de nuestros cuerpos, el rechazo al rol que se le ha impuesto como objeto de placer masculino.

Se han tomado las calles y han visibilizado la violencia de género, el machismo –internalizado y naturalizado- que opera en el lenguaje, en la subordinación femenina, en las desigualdades frente a los hombres en todos los ámbitos (familiar, social, educativo, laboral, político).

Porque no basta con crear leyes contra el femicidio, la violencia intrafamiliar, la violación, y el acoso en el lugar de estudio o trabajo, si seguimos siendo vistas como una posesión masculina. No basta con leyes cuando los femicidios no disminuyen, y cuando no se hacen cargo de la violencia intrafamiliar psicológica, sexual, económica. No bastan leyes cuando se sigue culpando a la víctima de violación y no al victimario, y cuando el acoso es una práctica tolerada.

Actualmente se discute sobre el acoso callejero, tema que han levantado organizaciones civiles como el Observatorio Contra el Acoso Callejero, y que solo por su trabajo ha llegado a la agenda pública. ¿Por qué debemos pelear nosotras para no ser manoseadas, agredidas e insultadas en el espacio público? Se habla también de modificar la legislación respecto a la violación, como si dar nuestro consentimiento fuera suficiente. ¿Qué pasa con las miles de mujeres que gritan No antes y mientras son violadas?

Es necesario transformar el sistema patriarcal, y las jóvenes que se han movilizado lo tienen claro: no más violencia, no más discriminación, no más desigualdad. Pero esta transformación debe ser de fondo. Debemos como sociedad cuestionar la posición de subordinación que históricamente se ha impuesto a las mujeres, y hacernos cargo de revertir todo tipo de machismo.

 

Marcela Weintraub – Socióloga

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