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¿Qué hacer con las 7 lucas del confort? Ahorro y gasto en Chile

Por primera vez desde hace mucho tiempo, el tema de conversación a principios de agosto no es ni el día del niño ni la lista de personas que sobrevivirán al octavo mes del año. Hoy la pregunta es ¿Qué hago con los 7 mil pesos de compensación que llegarán a mi cuenta bancaria?  

Para quienes no lo saben, todos los chilenos y chilenas mayores de edad, cerca de 13 millones y medio de personas, recibirán la primera semana de agosto 7 mil pesos chilenos (alrededor de 10 USD) como compensación por la colusión de las empresas productoras de papel higiénico, que formaron un cartel para aumentar el precio del papel tissue. Si bien la compensación no cubre ni de cerca la totalidad de las ganancias que estas empresas obtuvieron ilegalmente, es la primera vez en la que tantas personas recibirán al mismo tiempo la misma cantidad de dinero.  

En Chile, el Banco Interamericano de Desarrollo ha promovido el uso de aumentos repentinos en el ingreso para el ahorro voluntario. A principios de la década pasada ya existía evidencia suficiente para afirmar que repentinos aumentos en el ingreso son una de las principales causas del inicio de ahorro voluntario entre los chilenos . Y, efectivamente, el ahorro es una forma racional de usar dinero con el que no se contaba previamente. Así se puede enfrentar de mejor manera los imprevistos del futuro, o incluso consumir más cuando se presente la oportunidad. Parecería lógico, entonces, que la gran pregunta que matinales y noticieros se han hecho por igual: ¿Qué hacer con las 7 lucas? Se responda con una sola palabra, ahorrar.  

Cabe, sin embargo, preguntarse cuál es el sentido de ahorrar 7 mil pesos para distintos grupos de chilenos. Por una parte, varios han intentado abogar por la renuncia a este dinero, su donación a distintas causas o la cesión al Instituto de Previsión Social. Pero lo que nos convoca a escribir es un asunto diferente: en las condiciones sociales del Chile actual ¿Cuáles serían las condiciones de cada uno para tomar la salida racional y ahorrar este dinero?  

En Chile, cerca de 1 millón 100 mil personas ganan el salario mínimo de 276.000 pesos (alrededor de 410 dólares). Los jóvenes trabajadores son más propensos a recibir ingresos iguales o inferiores al mínimo legal. Para estas personas, los 7 mil pesos representan al menos el 2,7% de su salario bruto. El monto, además, es casi el mismo que se considera como asignación familiar por hijo para quienes se ubican en este tramo de ingreso, y es $1000 superior al alza del salario mínimo entre 2017 y 2018. En una familia de tres o más personas, el salario mínimo es inferior a la línea de la pobreza y es a penas suficiente en familias de 2 personas. Se puede inferir, por tanto, que las personas cuyo ingreso bordea el salario mínimo tienen aún gastos pendientes en su presente. Todavía más, en un país donde existen más deudas que trabajadores, muchos tendrán la necesidad de cubrir deudas antes de guardar el dinero para el futuro.  

Algunos dicen que lo importante es, en lugar del salario mínimo, considerar el ingreso mediano, que según datos del INE es de 379.000 pesos (571 USD). La mitad de los chilenos y chilenas gana menos que esa cifra, la otra mitad gana más. Para la mitad de los chilenos, entonces, sus ingresos se verán aumentados en el mes de agosto en 1,8% o más, en circunstancias en las que el costo de la vida en una ciudad como Santiago, es de $685.3681 según la misma institución.  

La “decisión racional», entonces, de ahorrar voluntariamente esos 7 mil pesos, no es realmente una opción para personas que aún deben conseguir ingresos extra para cubrir necesidades básicas, que les permitan una calidad de vida adecuada por sobre la alimentación y el techo.  

Una mayoría de chilenos y chilenas no puede “actuar racionalmente” o, mejor dicho, tiene una racionalidad distinta, centrada en lo inmediato. Usualmente la inmediatez se considera como un “sesgo hacia el presente” o así se ha tratado, por ejemplo, en el Laboratorio de Ahorro para la Vejez del Banco Interamericano de Desarrollo. Cabe preguntarse si efectivamente puede pensarse como sesgo, como falta de racionalidad, la incapacidad material de las personas de guardar dinero que no tienen frente a las necesidades de consumo que ya existen a su alrededor. La discusión sobre los 7 mil pesos debe dar paso a una discusión seria sobre las expectativas que los expertos tienen sobre las personas, sobre la verdadera condición de una mayoría de personas en el país que perciben ingresos insuficientes, y los efectos de esta condición, no sólo para la capacidad de ahorro y gasto, sino para la economía y la sociedad en su conjunto.  

 

Camilo Garcia – Director Politica Social

Cristián Bustos – Director CERES

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