Derechos Humanos, LGBTI, Opinión

A propósito de la velatón por la visibilidad lésbica y bisexual.

En el marco de la semana de la visibilidad lésbica y bisexual, se llevó a cabo el pasado lunes 09 de Julio la velatón en conmemoración de la muerte de Mónica Briones y otras mujeres que han sido asesinadas por su orientación sexual.

Si bien no es la primera vez que se realiza esta ceremonia, el contexto nacional actual evidentemente ha dado un cariz distinto a la actividad de este año.

Las mujeres como totalidad nos hemos asegurado espacios para alzar la voz, para demandar un trato justo y así poder vivir como merecemos.

Hemos hablado de aborto, de matrimonio igualitario, de condiciones laborales equitativas, entre otros, y en esta ocasión, nos reunimos a hablar del derecho a amar a quien queramos, a ser felices sin temer el rechazo de la sociedad, e incluso de nuestras familias.

En el caso de las psicólogas que participaron en la organización y/o asistieron al evento, hay una doble movilización, nos movilizamos como mujeres, y nos movilizamos también como profesionales conscientes del impacto psicológico y emocional que implica la desigualdad en la que vivimos, y vemos como una responsabilidad social el pronunciarnos respecto de las injusticias que hacen mella en la salud mental de las todas las mujeres.

Nos reunimos y llenamos de música, color y luz esa esquina en la que Mónica fue golpeada impunemente, esa esquina en la que su vida acabó. Nos reunimos con dolor, porque sabemos que la amenaza sigue presente, que la violencia y discriminación hacia las mujeres continúa siendo naturalizada, nos reunimos con rabia, porque sabemos que la impunidad de los agresores sigue siendo la realidad más extendida en nuestro país, pero también nos reunimos con alegría y esperanza, porque sabemos que estamos más fuertes que nunca, que luchamos día a día por cambiar a través de nuestros actos las relaciones de abuso y poder a las que nos enfrentamos.

Sabemos que queda mucho por hacer, sabemos que no basta con que no nos maten, y sabemos también que cada acto de autoreconocimiento que hacemos sobre nosotras como lesbianas o bisexuales, es un regalo para nosotras mismas y también para las que vienen, es una contribución a reconocernos como sujetos de derechos.

Illaritza Parada – Psicóloga

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